INVESTIGACIÓN EN UN LENGUAJE PROPIO

Abordamos temas sociales, donde el espectador es un personaje más en la obra.
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información detallada de nuestras actividades artísticas por latinoamérica.

BIENVENIDOS

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ABBY QUITO Y OSCAR VANGELIZ

Somos un grupo multidisciplinario que abarca temas sociales para sus creaciones.

NUESTRO TRABAJO

Investigamos diferentes técnicas para crear un lenguaje propio, hacemos que el espectador se un participe activo en cada obra.

VIVIR EN EL ARTE, NO DEL ARTE.

El teatro es un hecho unico e irrepetible que hace que el espectador viva sensaciones y emociones.

lunes, 25 de abril de 2011


regraso a esa soleda que tanto lastima, que tanto me da miedo
de la que uno no se puede escapar, de la que uno no se puede ocultar,
de la que uno no se puede olvidar
a talpunto que la madrugada se limita en llamarme
en hablarme en decirme
en vivirme
en sentirme
la condicion en la que me encuentro
llorado por todos lados
sentido por todas partes
roto a mas que el cristal
quebrado y destruido
algo mas alla que los destinos de los muerots y que ya no tienen camino extraño tenerte o buscarte
leerte en periodicos o revistas
leerte y nada mas que hacerlo porque se quiere porque no te queda mas que lastimarte para sentir algo
vuelvo a esa soledad viciosa que te busca y que me busca
que llega y marca el camino con saliva
con esa vajesa y torpe morada
vuelvo a la soedad tuya a la que se dibuja de lapiz labial color fucia
y mancha las paredes del verano

viernes, 25 de marzo de 2011



EL PREGON DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE PROFESORES Y MAESTROS DE TEATRO
Actores, Actrices,
señoras y caballeros,
gigantes y cabezudos,
foraneos y forasteros,
ciudadanas, ciudadanos,
gatas, gatos corraleros,
mantoncitas de manila,
diseñadores, organilleros,
maripepas, hilariones,
merengues y colchoneros,
(sin olvidar a iluminista
bautizado de “Don Gualberto”):
escuchad lo que un farsante,
caótico y bohemio,
viene a deciros con aire
de actor más que de verso.
Hoy pregono en esta villa
que fue corte y sigue siendo
a pesar de los pesares
cuna de Jorge Mateus.
Aquí nacieron mis ñañas,
aquí, en mitad de un traste y una via,
un bululú y un alecio
un ritual que tiene vida ”.
Saritas mal casadas,
balseritos caribeños,
candombe subsahariano,
polkita telón de acero,
mulatita ultramarina,
indios, moros, chinos, negros,
quiero decir, bienvenidos
a este festival tan moderno,
a este festival tan antiguo
con pasaporte europeo.
A la hora de la farra,
de corazón os deseo
que brindéis por san Petroneo,
santito de los ateos
que camelando angelitos
se escapo del desconsuelo.
Desde esta butaca os pido
que paséis por un momento
del baranda y el marido,
del desamor y el dinero,
de Loaisas y de Pantojos,
de olvidos, de desosciegos,
de los buenos y los malos,
del talante y del pateo,
(sin mentar a Diana Borja
que conspira entre pañuelos
de seda con Gallardón
por ver quién levanta el vuelo).
Compañeritos de brega:
perdonad mi atrevimiento
de exigir buenas maneras
oposición y desconcierto
Aunque nos den olimpíadas
y robóticos recreos
y parezca Babilonia
en reuniones con seudo expertos
con glorietas, bulevares,
con tabernas y museos,
con niños en cada calle
y en cada balcón un tiesto
y en cada verbena un whisky
y en cada zaguán un beso.
Sin olvidar santa Pasionaria
a don Jorge y don Gualberto
del alma sigue de punta,
cuando estallan en mis sueños
los trenes de cercanías,
las vías del desconsuelo.
Coleguitas de la peña,
andaluces y extremeños,
gallegos, vascos, murcianos,
asturianos y manchegos,
cuando se acabe la fiesta
mejor que nos coja en cueros
jugando con sensoriales
al más dulce de los juegos.
Bebed, bailad, disfrutad,
aplaudid a los toreros,
marcaos en las vistillas
el chispún de los abuelos,
subid a los coches locos
atropellando el invierno,
que corra el vino y la risa,
la amistad y el cachondeo,
enrollaos y pasaos,
por unos días al menos,
no sea que vuelva el Santiago
a envenenarnos con sus Venenos.
Huyan todas las tristezas,
las envidias y los celos, Que se vallas las orestiadas con los Lears que hoy pudriendo, se trasnochan para impedir, la labor de los teatreros
colocaos, como dijo
aquel Víctor Hugo gallegos
trasnochad y no dejéis
de mover el esqueleto
con las Supremas de Barba,
con Lorca, con Ionesco
con el Womad, con zarzuelas,
que el teatro es, pal cuerpo,
el licor más exquisito,
el más sabroso alimento.
Actores de aluvión,
a gozar que ya habrá tiempo
de volver a los deberes,
a la Danza, al barbecho,
a la Voz, a la lluvia,
a la familia, al despecho.
Y, puestos a desear,
quiero deciros que quiero
para vosotros un mundo
más cómplice y más fraterno,
más solidario y feliz,
tabernario y nocherniego,
cachondo y despreocupado
de prejuicios y complejos
y una vida que sea vida
a la medida del pueblo.
Y me despido que es hora
de teartro y no de versos,
Actores, Actrices,
de tan cerca y de tan lejos,
enanos, grandes, medianos,
calvos con chompa de cuero,
punkis, raperos, castizos,
carrozas, pijos, roqueros,
Poperos, pasillistas, envidiosos y fraternos
acompañadme en el grito
que se me escapa del pecho
¡Viva la gente del Teatro!
¡Vivan el festival de maestros!

sábado, 19 de marzo de 2011


Porque detesto el ministerio de cultura....

Ya se que suena generalizador y algo extremista ya que todos los daños de la cultura no tienen que ver con aquel, espacio que se DENOMINA MINISTERIO DE CULTURA...pero, cuando se siguen distribuyendo fondos del estado a grupos que siempre manejaron el presupuesto del estado, creamos un odio a la figura inmediata de poder...CASO CONCRETO ...EL SEÑOR RUBEN GUARDERAS, un estafador, que utiliza fondos del ministerio de cultura y de la casa de cultura, para beneficio personal, espero que se tomen cartas en el asunto y que en la ley de cultura que algún momento ""...se debe aprobar beneficie a todos los difusores culturales y no a los mismos malhechores estafadores de siempre, que con fondos del estado, destruyen la utopía de un país con una cultura y un futuro artístico decente dejando de lado la estúpida idea del estancamiento cultural, y que "ese" Ministerio de cultura investigue a donde van los fondos a donde va el presupuesto cultural, y deje de lado cualquier favoritismo, No es un reclamo de alguien que no tiene dinero, es un reclamo de alguien que en este momento ve como a grandes actores, bailarines , músicos y difusores, hacen todo lo posible para comer aunque sea un almuerzo decente, y presentar sus proyectos culturales hacia todo el mundo que quiere una verdadera obra de arte....Por eso odio el ministerio de cultura, espero que el manifiesto que escribo esta noche llegue aunque sea a alguno de ustedes de los que se dice promotores de sueños o aunque sea a unos cuantos comprometidos hacia ese sueño que es ser artista



At: Oscar Pabón

M, B y A

La belleza frutal hirió de coz
mortal a otra princesa de barriada,
Miss Universo, Venus descarriada,
metáfora brutal de un siglo atroz.

Febrero quiso que Amparo Muñoz,
la malquerida, la tridivorciada,
al desamparo, la desamparada,
pusiera crisantemos en mi voz.

Prófuga de palabras y de besos,
aguafuerte sin panes y sin peces,
la muerte estaba loca por sus huesos.

Al cine se asomó, aunque menos veces
que a las páginas malvas de sucesos.
Descansa en paz que al fin se lo merece.

II]
Con Saura, Querejeta y con Fernando
León pudo venirse un palmo arriba,
pero ella no encajaba en casta diva,
le bastaba sufrir para ir tirando.

Primavera de párpados temblando,
verano de carmines con saliva,
otoño de un invierno a la deriva
que tiene a los jazmines blasfemando.

Flavio Labarca, Víctor, Patxi Andión,
renglones del danzón del desengaño,
afrodita del solo de bordón,

golondrina sin nido, sueño huraño,
milagro de la carne de cañón,
prisionera en un mapa tan extraño.

La belleza frutal hirió de coz
mortal a otra princesa de barriada,
Miss Universo, Venus descarriada,
metáfora brutal de un siglo atroz.

Febrero quiso que Amparo Muñoz,
la malquerida, la tridivorciada,
al desamparo, la desamparada,
pusiera crisantemos en mi voz.

Prófuga de palabras y de besos,
aguafuerte sin panes y sin peces,
la muerte estaba loca por sus huesos.

Al cine se asomó, aunque menos veces
que a las páginas malvas de sucesos.
Descansa en paz que al fin se lo merece.

II]
Con Saura, Querejeta y con Fernando
León pudo venirse un palmo arriba,
pero ella no encajaba en casta diva,
le bastaba sufrir para ir tirando.

Primavera de párpados temblando,
verano de carmines con saliva,
otoño de un invierno a la deriva
que tiene a los jazmines blasfemando.

Flavio Labarca, Víctor, Patxi Andión,
renglones del danzón del desengaño,
afrodita del solo de bordón,

golondrina sin nido, sueño huraño,
milagro de la carne de cañón,
prisionera en un mapa tan extraño.


Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

miércoles, 2 de marzo de 2011



Quietud y la noche sin esponjas
deseo y la cama sin la duda
la soledad que acompaña otras cosas
que se borran despues que se dibujan

Las penas que se enredan en la almohada
la nota que dejaste en mi medalla
la luna que se envuelve entre las nubes
que llueven, se secan y se callan

Tu casa, tu sol y mis estrellas
las cosas que nunca dejas y se allan
los dias que escribi entre tu sombra
esperando que jamas nunca se vallan

अन्तकिअस सेक्सुँलेस

Una de las fantasías sexuales de muchos hombres es hacer el amor de
forma salvaje. Llegar a casa...que tu mujer esté preparando la cena, acercarte
a ella por detrás, arrancarle el delantal y hacerlo en la
mesa de la cocina... ¿Pero se imaginan esto en la vida real?
con las piernas colgando, clavándote un tenedor en la nuca, y
desollándote el culo con el rallador del pan?
Estas cosas nos pasan por intentar copiar lo que
vemos en las películas, por ejemplo, la típica fantasía de
mezclar sexo y comida, como en "Nueve semanas y media"
con las fresas, el melocotón en almíbar... vamos a ver:
¿qué tiene de sexy hacer macedonia encima de
tu pareja? porque el almíbar tiene una característica muy poco erótica,
a los tres minutos se seca....te toca irte a la
ducha. Con la cabeza pegada a la de tu mujer
con el culo en pompa
y caminando hacia atrás...que parecemos dos siameses...
Otra fantasía muy típica es grabarse en video,
me conto un amigo que daba mucho morbo. Así que lo probamos: es
súper erótico....hasta que te ves...ella pone la cinta toda emocionado, y cuando ves dos cuerpos abrazados.... ¡gordos!, dices:
-Paca, te has equivocado de cinta, eso es un combate
de sumo.
-No cariño, somos nosotros, es que la cámara engorda.
-¿Que engorda? ¿Y la mesa de noche porque no
engorda?
Pero la muestra más clara de que las fantasías
nunca deberían llevarse a cabo es cuando te empeñas
en hacer el amor en la bañera. Aquella fantasía es conseguir hacerlo sin romperte nada.
Para empezar...muy, pero que muy erótico.... no es. Me meto, y me quedo encajado en la bañera, con las rodillas en las orejas, y el periscopio intentando asomarse. Y ya caliente le digo: -¡Venga, nena métase!!
Y claro, como he cogido el mejor sitio, a ella
le toca poner el culo encima del tapón y uno se golpea con el grifo en
la nuca. Y entonces empiezas a moverte todo apasionado. ¡Y se monta
allá ¬ una marejada...! ¡Chaf, chaf...! Aquello parece
"La Tormenta Perfecta"...
Lo malo es que no me parezco a
George Clooney, sino al capitán Pescanova.
Entonces le digo: -Vamos a probar otra postura;
ponte tú encima, en ese momento se sale el tapón y el desagüe te hace ventosa... y ella piensa "este ha organizado un trío sin
avisarme" Y cuando se cuenta de que es el tapón ella dice:
-¡Que se sale el agua, que se sale el agua!!
Y yo: No te muevas, busca el tapón...
ella, tanteando, agarra lo primero que encuentra...
-Y le grito: ¡Eso no es el tapón joderrr!!
¿No ves que hay dos?
En ese momento, ya solo se te ocurre una solución:
Cariño, ¿por qué no nos vamos a la cama?...Pero
a dormir ¿eh? ¡QUE AHORA Si! ¡QUE ESTOY AGOTADO!

jueves, 3 de febrero de 2011


La grave manera de ver las cosas
el placido dolor del desnudo
el sexo que se burla de las cosas
la torpe piedad de los embrujos

El pacto que tenia con las sombras
el caliz de un momento del pecado
la luna que se burla de los dias
los peces que en el agua se han ahogado

el manto que cubria a mi espalda
la lluvia que empapa mis caricias
los pasos de quitarte las manias
de ser una esponja en un pasado

la noche que se esconde en tu locura
el lobo que ahulla otros cantos
los versos que escribi son pequeños
lugares que donde no hay significado

domingo, 26 de diciembre de 2010

Largo al factotum - Thomas Hampson


CADA VEZ QUE ELLA ESCRIBE DE SU PEQUEÑA

Cada vez que escribe sobre ella, alguien no tan conocida en el mundo, alguien sinuosa de elefantes, alguien que olvida mis ausntos...
Alguien tan peuqeña de momentos, escondida en escuelas maxistes, alguien que encuentra en el aroma, virtud de colonia desabrida
Alguien que se desnuda sin tapujos, y esconde la verguenza en la lluvia, alguien que se despierta cuando duerme, y pinta primaveras una a una
Alguien tan menor como su tiempo, pero mayor a sus pecados, alguien que tiene como objeto el amor en medio de un infarto
Cada vez que ella escribe sobre su pequeña, con su fiebre y su viaje a san andres me dan ganas de arranca aquella pagina y bailar en su mundo alrevez
Ella vive alrevez de los objetos, alrevez de la rutina enloquesida, ojala que cuando cunpla los veintiuno, me vea igula que una princesita....

para Dabata

viernes, 10 de diciembre de 2010


Cada vez que se despertaba a las seis pm, creia en amaneceres llenos de agonia
o de picaflores penitentes y segados de nectar de flores
cuyo unico propocito era volar hasta que se les callera las alas
me parecia extraño que se maquillara con un rojo carmesi que se parecia
tanto a la sangre que se apreciaba como una mordida infectante y tierna probocada por sus propios dientes...
salia y como siempre se ajustaba los tacones a tres pasos de salir de su casa
la primavera se hiso corta ya que el aguacero la tapo por completo, y de sus labios deslucidos, solo quedaban dos pedasos de carne gruesos y victimas del frio...Al llegar al atrio de su morada se disfuminaba con la noche y se confundia tanto con los fantasmas que a pesar de su tristesa tuvo que por varios años repetir la misma jornada

jueves, 2 de diciembre de 2010


Dies iræ, dies illa,
Solvet sæclum in favilla,
Teste David cum Sibylla !
Quantus tremor est futurus,
quando iudex est venturus,
cuncta stricte discussurus !
Tuba mirum spargens sonum
per sepulcra regionum,
coget omnes ante thronum.
Mors stupebit et Natura,
cum resurget creatura,
iudicanti responsura.
Liber scriptus proferetur,
in quo totum continetur,
unde Mundus iudicetur.
Iudex ergo cum sedebit,
quidquid latet apparebit,
nil inultum remanebit.
Quid sum miser tunc dicturus ?
Quem patronum rogaturus,
cum vix iustus sit securus ?
Rex tremendæ maiestatis,
qui salvandos salvas gratis,
salva me, fons pietatis.
Recordare, Iesu pie,
quod sum causa tuæ viæ ;
ne me perdas illa die.
Quærens me, sedisti lassus,
redemisti crucem passus,
tantus labor non sit cassus.
Iuste Iudex ultionis,
donum fac remissionis
ante diem rationis.
Ingemisco, tamquam reus,
culpa rubet vultus meus,
supplicanti parce Deus.
Qui Mariam absolvisti,
et latronem exaudisti,
mihi quoque spem dedisti.
Preces meæ non sunt dignæ,
sed tu bonus fac benigne,
ne perenni cremer igne.
Inter oves locum præsta,
et ab hædis me sequestra,
statuens in parte dextra.
Confutatis maledictis,
flammis acribus addictis,
voca me cum benedictis.
Oro supplex et acclinis,
cor contritum quasi cinis,
gere curam mei finis.
Lacrimosa dies illa,
qua resurget ex favilla
iudicandus homo reus.
Huic ergo parce, Deus.
Pie Iesu Domine,
dona eis requiem. Amen.

Aqui una buena frase...
_"Lo unico que interfiere con mi aprendisaje, es mi a educacion"
A. Einstein

viernes, 26 de noviembre de 2010


Cuento corto para gente normal

Cierta noche, cuando el escritor llegó cansado de un dia repleto de nuevos apuntes para su proxima obra, una llamada telefonica le anunció que debia terminarla rapidamente la obra, sino, no la publicarian.

Luego se cortar y tirar el telefono sobre la cama, se encontró con una sorpresa en su mesita de luz: Uno de las novelas que por la noche leia, habia crecido de volumen.
Sorprendido, se acercó tirando su bolso sobre el escritorio mezclando los nuevos borradores con aquelloso que se apilaban alli. Tomo el libro en sus entre sus manos y lo abrio. Se dió cuenta de que se habian agregado mas de 20 capitulos nuevos y la tipogorafia habia crecido de tamanio.
Sin darle mucha importancia, dejo el libro en su lugar y se recosto para dormir hasta el proximo dia.

Durante la noche, se levanto aturdido por alguna pesadilla, camino al banio, bajo la tapa del inodoro y se miro al espejo. Pero no observaba su rostro,m sino que alli estaban pegadas las hojas de la novela, del aquel libro que ahora..habian credio a un mas a un taminioi impensado.
Se acerco a tomar una, la quito, pero abajo habian maS...
Asustado, corri[o a la cocina, tomo los fosforos pensando que lo mejor seria quemarlo con todo lo que haya alredor.
Tomo todas las hojas, el libro que eahora pesaba varios kilos y los deeposito en la ducha, alli tiro el primer fosforo...el segundo, el tercer. Sin darse cuenta, tambien habia arrojado al fuego todos loso borradores del su propia obra, pero ya no interesaba nada, nada de nada, solamente eel fuego que acabara con su maldicion.
Cuando la ultima hoja se apago, observo que en el espejo habia quedado una hoja, un pequenio trozo de papel...
Lo tomo entre sus manos y alli leyo claramente las tres letras "FIN".
El papel fue desvaneciendose con las primeros rayos del sol quien sabiamente ilumino con mas fuerza la mesita de luz.
Observo que en su escritorio ya no estaban mas los borradores, pero en la mesita de luz habia algo nuevo: Su libro estaba terminado.


ADIVINBA QUIEN TE QUIERE MUCHO NOA.........(APARTE DE EL)...

YOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO


Mi alma se da vueltas en la cama, tiene insomnio, sera
que se dio cuenta que te has ido o solo es un resago de lo que existio.....

besOS DE GATO...


MENEA LA ENSALADA REMENEA LA ENSALADA
TQM NOA

viernes, 19 de noviembre de 2010

LAS MANOS


Él no había provocado. Cuando Cary dijo: «Eres un cobarde, un canalla, y además un mal poeta», las palabras decidieron el curso de las acciones, tal como suele ocurrir en esta vida.
Plack avanzó dos pasos hacia Cary y empezó a pegarle. Estaba bien seguro de que Cary le respondía con igual violencia, pero no sentía nada. Tan sólo sus manos que, a una velocidad prodigiosa, rematando el lanzar fulminante de los brazos, iban a dar en la nariz, en los ojos, en la boca, en las orejas, en el cuello, en el pecho, en los hombros de Cary.
Bien de frente, moviendo el torso con un balanceo rapidísimo, sin retroceder, Plack golpeaba. Sin retroceder, Plack golpeaba. Sus ojos medían de lleno la silueta del adversario. Pero aún mejor ubicaba sus propias manos; las veía bien cerradas, cumpliendo la tarea como pistones de automóvil, como cualquier cosa que cumpliera su tarea moviéndose al compás de un balanceo rapidísimo. Le pegaba a Cary, le seguía pegando, y cada vez que sus puños se hundían en una masa resbaladiza y caliente, que sin duda era la cara de Cary, él sentía el corazón lleno de júbilo.
Por fin bajó los brazos, los puso a descansar junto al cuerpo. Dijo:
—Ya tienes bastante, estúpido. Adiós.
Echó a caminar, saliendo de la sala de la Municipalidad, por el corredor que conducía lejanamente a la calle.
Plack estaba contento. Sus manos se habían portado bien. Las trajo hacia delante para admirarlas; le pareció que tanto golpear las había hinchado un poco. Sus manos se habían portado bien, qué demonios; nadie discutiría que él era capaz de boxear como cualquiera.
El corredor se extendía sumamente largo y desierto. ¿Por qué tardaba tanto en recorrerlo? Acaso el cansancio, pero se sentía liviano y sostenido por las manos invisibles de la satisfacción física. Las manos de la satisfacción física. ¿Las manos...? No existía en el mundo mano comparable a sus manos; probablemente tampoco las había tan hinchadas por el esfuerzo. Volvió a mirarlas, hamacándose como bielas o niñas en vacaciones; las sintió profundamente suyas, atadas a su ser por razones más hondas que la conexión de las muñecas. Sus dulces, sus espléndidas manos vencedoras.
Silbaba, marcando el compás con la marcha por el interminable pasillo. Todavía quedaba una gran distancia para alcanzar la puerta de salida. Pero qué importaba después de todo. En casa de Emilio se comía tarde, aunque en verdad él no iría a almorzar a casa de Emilio sino al departamento de Margie. Almorzaría con Margie, por el solo placer de decirle palabras cariñosas, y tornaría luego a cumplir la jornada vespertina. Mucho trabajo, en la Municipalidad. No bastaban todas las manos para cubrir la tarea. Las manos... Pero las suyas sí que habían estado atareadas rato antes. Pegar y pegar, vindicadoras; quizá por eso le pesaban ahora tanto. Y la calle estaba lejos, y era mediodía.
La luz de la puerta empezaba a agitarse en la atmósfera visual de Plack. Dejó de silbar; dijo: «Bliblug, bliblug, bliblug». Lindo, habla sin motivo, sin significado. Entonces fue cuando sintió que algo le arrastraba por el suelo. Algo que era más que algo; cosas suyas estaban arrastrando por el suelo.
Miró hacia abajo y vio que los dedos de sus manos arrastraban por el suelo.
Los dedos de sus manos arrastraban por el suelo. Diez sensaciones incidían en el cerebro de Plack con la colérica enunciación de las novedades repentinas. Él no lo quería creer pero era cierto. Sus manos parecían orejas de elefante africano. Gigantescas pantallas de carne arrastrando por el suelo.
A pesar del horror le dio una risa histérica. Sentía cosquillas en el dorso de los dedos; cada juntura de las baldosas le pasaba como un papel de esmeril por la piel. Quiso levantar una mano pero no pudo con ella. Cada mano debía pesar cerca de cincuenta kilos. Ni siquiera logró cerrarlas. Al imaginar los puños que habrían formado se sacudió de risa. ¡Qué manoplas! Volver junto a Cary, sigiloso y con los puños como tambores de petróleo, tender en su dirección uno de los tambores, desenrollándolo lentamente, dejando asomar las falanges, las uñas, meter a Cary dentro de la mano izquierda, sobre la palma, cubrir la palma de la mano izquierda con la palma de la mano derecha y frotar suavemente las manos, haciendo girar a Cary de un extremo a otro, como un pedazo de masa de tallarines, igual que Margie los jueves a mediodía. Hacerlo girar, silbando canciones alegres, hasta dejar a Cary más molido que una galletita vieja.
Plack alcanzaba ahora la salida. Apenas podía moverse, arrastrando las manos por el suelo. A cada irregularidad del embaldosado sentía el erizamiento furioso de sus nervios. Empezó a maldecir en voz baja, le pareció que todo se tornaba rojo, pero en algo influían los cristales de la puerta.
El problema capital era abrir la condenada puerta. Plack lo resolvió soltándole una patada y metiendo el cuerpo cuando la hoja batió hacia afuera. Con todo, las manos no le pasaban por la abertura. Poniéndose de costado quiso hacer pasar primero la mano derecha, luego la otra. No pudo hacer pasar ninguna de las dos. Pensó: «Dejarlas aquí». Lo pensó como si fuese posible, seriamente.
—Absurdo —murmuró, pero la palabra era ya como una caja vacía.
Trató de serenarse, y se dejó caer a la turca delante de la puerta; las manos le quedaron como dormidas junto a los minúsculos pies cruzados. Plack las miró atentamente; fuera del aumento no habían cambiado. La verruga del pulgar derecho, excepción hecha de que su tamaño era ahora el de un reloj despertador, mantenía el mismo bello color azul maradriático. El corte de las uñas persistía en su prolijidad (Margie). Plack respiró profundamente, técnica para serenarse; el asunto era serio. Muy serio. Lo bastante como para enloquecer a cualquiera que le ocurriese. Pero conseguía sentir de veras lo que su inteligencia le señalaba. Serio, asunto serio y grave; y sonreía al decirlo, como en un sueño. De pronto se dio cuenta de que la puerta tenía dos hojas. Enderezándose, aplicó una patada a la segunda hoja y puso la mano izquierda como tranca. Despacio, calculando con cuidado las distancias, hizo pasar poco a poco las dos manos a la calle. Se sentía aliviado, casi feliz. Lo importante ahora era irse a la esquina y tomar en seguida un ómnibus.
En la plaza las gentes lo contemplaron con horror y asombro. Plack no se afligía; mucho más raro hubiese sido que no lo contemplasen. Hizo con la cabeza, un violento gesto al conductor de un ómnibus para que detuviera el vehículo en la misma esquina. Quería trepar a él, pero sus manos pesaban demasiado y se agotó al primer esfuerzo. Retrocedió, bajo la avalancha de agudos gritos que surgían del interior del ómnibus, donde las ancianas sentadas del lado de la acera acababan de desvanecerse en serie.
Plack seguía en la calle, mirándose las manos que se le estaban llenando de basuras, de pequeñas pajas y piedrecitas de la vereda. Mala suerte con el ómnibus. ¿Acaso el tranvía...?
El tranvía se detuvo, y los pasajeros exhalaron horrendos gritos al advertir aquellas manos arrastradas en el suelo y a Plack en medio de ellas, pequeñito y pálido. Los hombres estimularon histéricamente al conductor para que arrancara sin esperar. Plack no pudo subir.
—Tomaré un taxi —murmuró, empezando lentamente a desesperarse.
Abundaban los taxis. Llamó a uno, amarillo. El taxi se detuvo como sin ganas. Había un negro en el volante.
—¡Praderas verdes! —balbuceó el negro—. ¡Qué manos!
—Abre la portezuela, bájate, tómame la mano izquierda, súbela, tómame la mano derecha, súbela, empújame para entrar en el coche, más despacio, así está bien. Ahora llévame a la calle Doce, número cuarenta setenta y cinco, y después vete al mismo infierno, negro de todos los diablos.
—¡Praderas verdes! —dijo el conductor, ya tornado al tradicional color ceniza—. ¿Seguro que esas manos son las suyas, señor?
Plack gemía en su asiento. Apenas había sitio para él: las manos ocupaban todo el piso, se desbordaban sobre el asiento. Empezaba a refrescar y Plack estornudó. Quiso instintivamente taparse la nariz con una mano y por poco se arranca el brazo. Se dejó estar, abúlico, vencido, casi feliz. Las manos le descansaban sucias y macizas en el suelo del taxi. De la verruga, golpeada contra una columna de alumbrado, brotaban algunas gordas gotas de sangre.
—Iré a casa de un médico —dijo Plack—. No puedo entrar así en casa de Margie. Por Dios, no puedo; le ocuparía todo el departamento. Iré a ver un médico; me aconsejará la amputación, yo aceptaré, es la única manera. Tengo hambre, tengo sueño.
Golpeó con la frente el cristal delantero.
—Llévame a la calle Cincuenta, número cuarenta y ocho cincuenta y seis. Consultorio del doctor September.
Después se puso tan contento ante la idea que acababa de ocurrírsele que llegó a sentir el impulso de restregarse las manos de gusto; las movió pesadamente, las dejó estar.
El negro le subió las manos hasta el consultorio del doctor. Hubo una espantosa corrida en la sala de espera cuando Plack apareció, caminando detrás de sus manos que el negro sostenía por los pulgares, sudando a mares y gimiendo.
—Llévame hasta ese sillón; así, está bien. Mete la mano en el bolsillo del saco. Tu mano, imbécil: en el bolsillo del saco; no, ése no, el otro. Más adentro, criatura, así. Saca el rollo de dinero, aparta un dólar, guárdate el vuelto y adiós.
Se desahogaba en el servicial negro, sin saber el porqué de su enojo. Una cuestión racial, acaso, claro está que sin porqués.
Ya dos enfermeras presentaban sus sonrisas veladamente pánicas para que Plack apoyara en ellas las manos. Lo arrastraron trabajosamente hasta el interior del consultorio. El doctor September era un individuo con una redonda cara de mariposa en bancarrota; vino a estrechar la mano de Plack, advirtió que el asunto demandaría ciertas forzadas evoluciones, permutó el apretón por una sonrisa.
—¿Qué lo trae por aquí, amigo Plack?
Plack lo miró con lástima.
—Nada —repuso, displicente—. Me duele el árbol genealógico. ¿Pero no ve mis manos, pedazo de facultativo?
—¡Oh, oh! —admitía September—. ¡Oh, oh, oh!
Se puso de rodillas y estuvo palpando la mano izquierda de Plack. Daba la impresión de sentirse bastante preocupado. Se puso a hacer preguntas, las habituales, que sonaban extrañamente ahora que se aplicaban al asombroso fenómeno.
—Muy raro —resumió con aire convencido—. Sumamente extraño, Plack.
—¿A usted le parece?
—Sí, es el caso más raro de mi carrera. Naturalmente, usted me permitirá tomar algunas fotografías para el museo de rarezas de Pensilvania, ¿no es cierto? Además tengo un cuñado que trabaja en The Shout, un diario silencioso y reservado. El pobre Korinkus anda bastante arruinado; me gustaría hacer algo por él. Un reportaje al hombre de las manos... digamos, de las manos extralimitadas, sería el triunfo para Korinkus. Le concederemos esa primicia, ¿no es verdad? Lo podríamos traer aquí esta misma noche.
Plack escupió con rabia. Le temblaba todo el cuerpo.
—No, no soy carne de circo —dijo oscuramente—. He venido tan sólo a que me ampute esto. Ahora mismo, entiéndalo. Pagaré lo que sea, tengo un seguro que cubre estos gastos. Por otra parte están mis amigos, que responden por mí; en cuanto sepan lo que me pasa vendrán como un solo hombre a estrecharme la... Bueno, ellos vendrán.
—Usted dispone, mi querido amigo —el doctor September miraba su reloj pulsera—. Son las tres de la tarde (y Plack se sobresaltó porque no creía que hubiese transcurrido tanto tiempo). Si lo opero ya, le tocará pasar el peor rato por la noche. ¿Esperamos a mañana? Entretanto, Korinkus...
—El peor rato lo estoy pasando ahora —dijo Plack y se llevó mentalmente las manos a la cabeza—. Opéreme, doctor, por Dios. Opéreme... ¡Le digo que me opere! ¡¡Opéreme, hombre..., no sea criminal!!... ¡¡Comprenda lo que sufro!! ¿¿Nunca le crecieron las manos, a usted..?? ¡¡¡Pues a mí, sí!!! ¡¡¡Ahí tiene...; a mí, sí!!!
Lloraba, y las lágrimas le caían impunemente por la cara y goteaban hasta perderse en las grandes arrugas de las palmas de sus manos, que descansaban boca arriba en el suelo, con el dorso en las baldosas heladas.
El doctor September estaba ahora rodeado de un diligente cuerpo de enfermeras a cuál más linda. Entre todas sentaron a Plack en un taburete y le pusieron las manos sobre una mesa de mármol. Hervían fuegos, olores fuertes se confundían en el aire. Relumbrar de aceros, de órdenes. El doctor September, enfundado en siete metros de género blanco; y lo único vivo que había en él eran sus ojos. Plack empezó a pensar en el momento terrible de la vuelta a la vida, después de la anestesia.
Lo acostaron dulcemente, de manera que las manos quedaran sobre la mesa de mármol donde se llevaría a cabo el sacrificio. El doctor September se acercó, riendo por debajo de la mascarilla.
—Korinkus vendrá a sacar fotos —dijo—. Oiga, Plack, esto es fácil. Piense en cosas alegres y su corazón no sufrirá. ¿Se despidió de sus manos? Cuando despierte... ya no estarán con usted.
Plack hizo un gesto tímido. Empezó a mirarse las manos, primero una y después otra. «Adiós, muchachitas», pensó. «Cuando estéis en el acuario de formol que os destinarán especialmente, pensad en mí. Pensad en Margie que os besaba. Pensad en Mitt cuyo pelaje acariciabais. Os perdono la mala pasada, en homenaje a la paliza que le disteis a Cary, a ese vanidoso insolente...
Habían acercado algodones a su rostro y Plack estaba empezando a sentir un olor dulce y poco agradable. Intentó una protesta pero September hizo una suave señal negativa. Entonces Plack se calló. Era mejor dejar que lo durmieran, entretenerse pensando cosas alegres. Por ejemplo, la pelea con Cary. Él no había provocado. Cuando Cary dijo: «Eres un cobarde, un canalla, y además un mal poeta», las palabras decidieron el curso de las acciones, tal como suele ocurrir en esta vida. Plack avanzó dos pasos hacia Cary y empezó a pegarle. Estaba bien seguro de que Cary le respondía con igual violencia, pero no sentía nada. Tan sólo sus manos que, a una velocidad prodigiosa, rematando el lanzarse fulminante de los brazos, iban a dar en la nariz, en los ojos, en la boca, en las orejas, en el cuello, en el pecho, en los hombros de Cary.
Lentamente, tornaba a sí mismo. Al abrir los ojos, la primera imagen que se coló en ellos fue la de Cary. Un Cary muy pálido e inquieto, que se inclinaba balbuceante sobre él.
—¡Dios mío..! Plack, viejo... Jamás pensé que iba a ocurrir una cosa así...
Plack no comprendió. ¿Cary, allí? Pensó; acaso el doctor September, en previsión de una posible gravedad posoperatoria, había avisado a los amigos. Porque, además de Cary, veía él ahora los rostros de otros empleados de la Municipalidad que se agrupaban en torno a su cuerpo tendido.
—¿Cómo estás, Plack? —preguntaba Cary, con voz estrangulada—. ¿Te... te sientes mejor?
Entonces, de manera fulminante, Plack comprendió la verdad. ¡Había soñado! ¡Había soñado! «Cary me acertó un golpe en la mandíbula, desmayándome; en mi desmayo he soñado ese horror de las manos...».
Lanzó una aguda carcajada de alivio. Una, dos, muchas carcajadas. Sus amigos lo contemplaban, con rostros todavía ansiosos y asustados.
—¡Oh, gran imbécil! —apostrofó Plack, mirando a Cary con ojos brillantes—. ¡Me venciste, pero espera a que me reponga un poco..., te voy a dar una paliza que te tendrá un año en cama...!
Alzó los brazos para dar fe de sus palabras con un gesto concluyente. Entonces sus ojos vieron los muñones.

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